El domingo 9 de septiembre de 2012 el ex-directivo de Merrill Lynch
César Molinas publicó en las páginas envenenadas de EL PAÍS un artículo
bajo el título “Una teoría de la clase política española” que fue
aplaudido por un número importante de lectores entre los que
“sorprenden” algunos que hacen gala de su progresía en medios tan
“fiables” (nótense las comillas) como La Sexta. Con este artículo me
propongo analizar, paso a paso el citado artículo del señor Molinas.
Empecemos por el título: “Una teoría de la clase política española”.
Muy ignorante o muy malintencionado debe ser el autor considerando a
los políticos como una “clase”. Debería saber el señor Molinas que la
adscripción de alguien a determinada clase viene dada únicamente por
criterios económicos, por lo que considerar de la misma clase al
Presidente del Gobierno – con sus posibilidades económicas derivadas del
cargo sumadas a las de su actividad privada – y al concejal del pueblo
más pequeño de España, que quizá esté en paro y sin sueldo, es cuanto
menos un despropósito si es un despiste, o un insulto a la inteligencia
si es deliberado.
Pero entremos en materia. Comienza el artículo advirtiendo que la teoría que propone
“se refiere al comportamiento de un colectivo y, por tanto, no admite
interpretaciones en términos de comportamientos individuales”.
Vuelve a errar el señor Molinas haciendo formar parte de un colectivo a
todos los políticos sin exclusión, teorizando sobre él para
posteriormente cargar hombros inocentes las culpas del naufragio
político y económico de España. Y vuelvo al caso anterior, cargar la
misma culpa sobre los hombros del concejal del pueblo más pequeño de
España que sobre los presidentes y ministros que ha tenido este país,
es nuevamente un despropósito y además malintencionado.
Pero continuemos. Señala que una buena teoría sobre la “clase
política española” debería explicar una serie de puntos. Pregunta el
señor Molinas:
¿Cómo es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ningún partido político tenga un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?
Cuando habla de “ningún partido” incluye nuevamente a todos los
partidos en un colectivo, como si todos estuvieran formados por las
mismas personas, los mismos intereses, y además como si todos hubiesen
tenido la posibilidad de gobernar las instancias decisivas en este país.
Por tanto, la pregunta debería haberla formulado de otra manera: ¿Cómo
es posible que, tras cinco años de iniciada la crisis, ni PP ni PSOE
tengan un diagnóstico coherente de lo que le está pasando a España?. Porque
desde luego que si existe una organización que hizo un diagnóstico
prematuro de la crisis que hoy nos asola, e incluso alertó de sus causas
y sus consecuencias. Y lo hizo hace más de 15 años. Recomiendo al autor
y a los entusiasmados lectores de su artículo que revisen apenas unas
líneas del discurso de Julio Anguita en 1996 durante la Fiesta del PCE:
“El mantenimiento en la posición de cumplir como sea y al precio social que sea los contenidos y plazos exigidos en la tercera fase de la moneda única previstos en el Tratado de la Unión Europea de Maastricht está en la raíz de una orientación totalmente contraria al Estado Social y Democrático de Derecho. Y ello plantea dos cuestiones sobre las que queremos pronunciarnos con toda claridad:Las condiciones macroeconómicas y los plazos de las mismas necesarios para pasar a la tercera fase de la moneda única no son, en puridad, una construcción de Europa, sino un mercado único en el que tampoco se da la condición de una política fiscal común. Las políticas de empleo que deberían ser el elemento central de una construcción Europea junto con la unión política y una política de seguridad común estrictamente europeas no están ni en el proceso ni en las previsiones futuras de los que están construyendo la moneda única. Estamos ante un proceso dirigido a favorecer, exclusivamente los intereses del capital. A la imposición de un modelo económico de carácter regresivo: el neoliberalismo que intenta conseguir acabar con todas las conquistas sociales y volver a mediados del siglo XIX. Y esto es así de tal manera que si Maastricht no existiera lo habrían inventado.
Lanza una nueva pregunta el autor del artículo de EL PAIS:
¿Cómo es posible que ningún partido político tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para sacar a España de la crisis? ¿Cómo es posible que la clase política española parezca genéticamente incapaz de planificar?
Vuelve a errar malintencionadamente el señor Molinas, aunque
incluye en su pregunta un término importante: la planificación. Esa es
la clave, pero quizá al autor no le guste el por qué de esa importancia.
La planificación de la economía que proponen partidos y organizaciones
que en estos 35 años no han tenido posibilidad de gobernar España choca
contra al libre mercado que promulgan y al que han dado alas PP y PSOE
(al igual que lo harían UPyD y los nuevos inventos “mariocondianos”),
por lo que por supuesto que existe una estratégia creíble a largo plazo:
planificación de la economía, banca pública, reindustrialización, etc.
Otra cosa es que Molinas no quiera creerse ese plan puesto que le va el
sueldo en ello. Por tanto, le propondría que formulase su pregunta de
otra manera: ”¿Cómo es posible que ningún partido político
neoliberal tenga una estrategia o un plan a largo plazo creíble para
sacar a España de la crisis? ¿Cómo es posible que la casta política
representada por PP y PSOE parezca genéticamente incapaz de
planificar?”. Y además le contesto: pues puesto que si
planificasen dejarían de ser lo que son y mutarían en algo que va en
contra de los intereses personales de las castas, que lo mismo promueven
la privatización de una empresa que una vez dejado el cargo aceptan un
puesto de consejero en ella. Y parecen incapaces de planificar, porque
efectivamente lo son.
Pregunta de nuevo el autor:
¿Cómo es posible que la clase política española sea incapaz de ser ejemplar? ¿Cómo es posible que nadie-salvo el Rey y por motivos propios- haya pedido disculpas?
Si las anteriores preguntas eran un despropósito esta parece más
una tomadura de pelo, sobretodo situando la figura del rey como
“ejemplar” y capaz de pedir perdón. Y esta es una cuestión en la que no
voy a entrar porque considero que quien lea este artículo discernirá con
buen criterio la supuesta “ejemplaridad” del Borbón en su actividad
durante estas últimas décadas. En cualquier caso entiendo que lance la
pregunta, mucho más siendo el diario borbónico EL PAÍS quien publica su
texto.
Y una última pregunta de Molinas:
¿Cómo es posible que la estrategia de futuro más obvia para España -la mejora de la educación, el fomento de la innovación, el desarrollo y el emprendimiento y el apoyo a la investigación- sea no ya ignorada, sino masacrada con recortes por los partidos políticos mayoritarios?
Al menos aquí habla de “partidos políticos mayoritarios”,
acusándoles acertadamente de los recortes en educación, innovación,
investigación, etc, pero obviando su responsabilidad en el diseño
económico actual.
Tras sus preguntas, el señor César Molinas se propone a describir
su teoría sobre la que él llama “clase política” y que recuerdo que es
un término erróneo y perverso. Acusa durante muchas líneas a “los
políticos” de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de
ahorro, de la burbuja de las renovables, para a continuación proponer un
sistema electoral “mayoritario”, una propuesta a la que posteriormente
me referiré. Sin embargo me centraré brevemente en el análisis que hace
de los políticos actuales, comparándolos con aquellos que hicieron la
transición. Efectivamente hay diferencias, aquellos eran los llamados
“hombres de Estado” y estos están desmontando el Estado y montándose sus
parcelas de poder y sus chiringuitos personales. Sin embargo, obvia el
autor la forma en la que se realizó aquella mal llamada “Transición”, ya
que en esencia el poder no cambió de manos y además se efectuó con la
tutela de EEUU y de su agencia de inteligencia para que lo que quienes
más activamente habían luchado contra la dictadura durante 40 años,
sindicalistas y militantes (comunistas principalmente) no tuviesen
influencia importante en el nuevo régimen. La cuestión no es baladí,
puesto que el peso político y el poder real que habían adquirido quienes
lucharon contra el franquismo fue apartado de un plumazo por los
políticos que comenzaron a constituirse como “casta”. La casta que hoy
nos malgobierna, concretamente. Por tanto, si vamos al origen, vayamos
también a la forma en la que se hizo una Transición y en la que se
despreció algo que incluso está presente en la Constitución de 1978, la
planificación de la economía. ¿Qué partido de los gobernantes lo ha
hecho desde entonces?.
El autor artículo continúa su artículo enunciando su teoría:
La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva.
Como dije anteriormente, la clase política no existe, ni siquiera
como cuestión etimológica. Y vuelvo a recordar el ejemplo del concejal
en paro del pueblo más pequeño de España comparado con el presidente del
Gobierno, que como tal cobra 78.185 euros a los que hay que sumar los
beneficios y propiedades que de manera privada haya obtenido. ¿Son de la
misma clase social? Quien diga que sí no puede tener buenas
intenciones.
Molinas sigue su argumentario mencionando a Schumpeter, citando que “la
destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura
económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando
lo nuevo. Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del
capitalismo.Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso
innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos
núcleos de poder económico, social o político”, y agrega que “con
la navaja de Occam en la mano, si esta sencilla teoría tiene poder
explicativo, será imbatible”. Pues bien, si la considera imbatible no
debería obviar que en esa lógica Schumpeter (que aborrecía el
socialismo) señalaba que el capitalismo está condenado a desaparecer
algún día, aunque no lo hará por su ineficacia o por una quiebra del
sistema; las razones que provocarán la sustitución del capitalismo por
el socialismo estarían dentro de la propia genética del capitalismo.
La solución que propone César Molina es cambiar el sistema
electoral y sustituir el sistema proporcional por uno mayoritario. ¿Qué
sistema proporcional? En este país no existe ningún sistema
proporcional, ni los diputados presentes en el Congreso de los Diputados
corresponden a la proporción de votos que han obtenido. Para empezar,
si lo hubiera, el PP no tendría mayoría absoluta y probablemente no
estaría en el poder. ¿He de recordar que a PP, PSOE, así como a los
partidos nacionalistas les cuesta hasta 10 veces menos obtener un
diputado que a otras fuerzas políticas?. César Molinas lo sabe, sólo
hace su trabajo, y por eso lo que propone es instaurar un sistema
mayoritario. Es decir, acabar (aún más) con la pluralidad, e instaurar
de una vez y para siempre, e incluso bendecir legalmente, el
bipartidismo en España, por mucho poder que diga que le quitaría a los
partidos.
Sin embargo, si eso sucede, la teoría de César Molinas pasará de
ser una mera falacia a una posible verdad, porque la casta política del
bipartidismo pasará a constituirse como clase, ya que efectivamente
defenderán unos mismos intereses económicos y casi ideológicos, porque
España se habrá librado definitivamente de los disidentes. De la gente
como yo, por ejemplo.
Javier Parra
Concejal de IU y Secretario Político del PCE de Paterna
Fuente LAREPUBLICA.ES
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