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La transparencia
y la rigurosa son las principales claves de la soberanía civil. La información
difundida por Wikileaks reafirmaron que EE.UU tiene por costumbre actuar de
forma oscura en muchos asuntos habituales de la política internacional y los gobiernos
del mundo, democráticos o no, suelen plegarse a sus presiones, aceptando el
juego de la oscurantismo estadounidense. Tratados como niños, los habitantes de
las democracias son invitados a renunciar al conocimiento de la verdad y a las
actuaciones éticas en nombre de la seguridad. Gracias a Wikileaks, por ejemplo,
nos enteramos de que el Gobierno de España entorpeció la libre investigación
del asesinato en Irak del periodista José Couso por el ejército norteamericano.
Tan papistas somos que cotribuimos para que lo maten en cualquier cárcel
americana.
El fundador de
Wikileaks, Julián Assange, tardó poco en sufrir una campaña de desprestigio.
Una inconsistente denuncia por violación fue aceptada en Suecia. La Justicia inglesa lo
persiguió para extraditarlo a aquel país, que completará el proceso
extraditándolo después a Estados Unidos para que sea castigado por sus
impertinencias. Ecuador, un país tratado con desprecio en muchas informaciones,
le ha dado refugio en la embajada de Londres y está a punto de concederle asilo
político. Grandes valedores oficiales de la democracia como Gran Bretaña y
Estados Unidos presionan al humilde Ecuador. La desvergüenza de este caso es
tan notable que, si no está pronto en los Estados Unidos para ser juzgado, es
de temer que la realidad se transforme en una mala película de espías y Assange
sufra de pronto un accidente desgraciado. Correa acaba de afirmar que no tiene
otra opción.
Los nobles, los
pelbeyos y los puros del lugar se precipitarán a recordarme nuestra sabiduría:
de qué te sorprendes, qué te esperabas, las cosas están así. ¿Qué me esperaba?
¿Qué sigo esperando? Una versión decente de la democracia y una mayoría
dispuesta a defenderla. Es decir, un modo menos tramposo de entender la palabra
rigor.
Cuando nos
ponemos a enjuiciar la realidad y de intervenir políticamente en ella es más
importante la referencia del sentido común de las mayorías que la opinión de
los iniciados. En los debates sobre las causas y las salidas de la crisis es
muy común que los defensores del poder establecido desprecien en nombre de la
seriedad cualquier interpretación que presente verdaderas alternativas. Siguen
sintiéndose portavoces de la seriedad los que han degradado la vida de los
ciudadanos con sus políticas inquisidoras y luego la han rematado con sus
presuntas soluciones.
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Fuente http://blogdejuanpardo.blogspot.com.es/2012/08/esta-democracia-es-una-mierda-espiritual.html Twittear
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